Peripecia del movimiento estudiantil (1): una respuesta al profesor Raúl Cotto Serrano

Por: César J. Pérez Lizasuain*

La peripecia – según definida en el Diccionario de la RAE – es: “(1) En el drama o en cualquier otra composición análoga, cambio repentino de situación debido a un accidente imprevisto que altera el estado de las cosas; y/o (2) En la vida real, accidente imprevisto o cambio repentino de situación”[1]. Y así ha sido la más reciente irrupción del movimiento estudiantil en las pasadas semanas (particularmente en las asambleas estudiantiles del RUM y de la UPRRP así como en las actividades del 18 de marzo frente al Departamento de Hacienda y el Capitolio; día en que casualmente se conmemoraba la Comuna de París) en donde se han dispuesto nuevamente a detener un intervalo desolador, que venimos arrastrando desde el 2010, para dar paso a un ciclo abierto y esperanzador que comienza a disputar el curso biopolítico de la llamada crisis fiscal de la deuda.

Ante ello, recientemente en una comunicación escrita para el Senado Académico de la UPRRP, el teórico político y profesor Raúl Cotto Serrano ha reseñado la singularidad de la última peripecia del movimiento estudiantil. Señala Cotto: “He mencionado que se trata de una situación particular porque es la primera vez que la Universidad confronta una amenaza de huelga estudiantil indefinida por exigencias que responden a una situación fuera de ella”. Además sugiere que una buena parte de las exigencias hilvanadas por los estudiantes:

“[E]stán fuera del control directo de las autoridades administrativas de la institución. Algunas demandas, requieren un cambio de ley y una, requiere un cambio en la constitución, que a su vez, requiere legislación.

Del hecho de que se presenten exigencias que no se pueden satisfacer por las autoridades universitarias, se podría concluir que la meta es realmente hacer una huelga por la huelga misma. Además, como la exigencia crucial, de la que depende el cumplimiento de muchas otras es la 2 (el impago de la deuda nacional), se podría concluir que ésta responde a los intereses partidistas de los grupos que defienden esa opción en el debate político puertorriqueño”.

El argumento principal en la lectura que hiciera el profesor Cotto es el señalamiento de un tipo de excedente: las demandas del movimiento estudiantil exceden el marco institucional de la UPR pues la institución no tiene la capacidad jurídica para absorberlas. Y añade que la concreción de esas demandas se encuentran en una posición de exterioridad respecto a la UPR. Al autor decantarse metodológicamente por una óptica jurídica para entender el conflicto pierde, a su vez, toda posibilidad de valorar en términos políticos esa relación de excedencia que fundamenta su propia argumentación.

Pienso que por el contrario, más allá de descartar esa cualidad de excedente en nuestro entendido sobre la situación crítica por la que atraviesa el país, en todo caso habría que apuntalar esa novedad sui generis descartada por Cotto. La noción jurídica del profesor Cotto aniquila la política y con ello arruina toda posibilidad teórica y práctica para superar el estado actual de cosas.  Por eso se equivoca el profesor: la relación política se encuentra en esa excedencia de las demandas que bien él identifica pero que al mismo tiempo descarta. La excedencia descartada es precisamente la condición cualitativa que posibilitaría el surgimiento de la política. Es, a su vez, la posibilidad real para sostener la constitución de una política rupturista-antagonista en este momento histórico: la emergencia de un poder constituyente que dispute la hegemonía y biopolítica de la crisis-deuda.

Pero estipulemos lo siguiente: el propio Cotto apunta a un tipo exterioridad. La UPR, según el autor, no puede ser sujeta de relaciones externas a su propia lógica y mucho menos de la intrusión de la política partidista e injerencia de una futura Junta de Control Fiscal (JCF). Cotto hace referencia a una exterioridad parcial, impotente, revestida solamente por las artimañas y parafernalias de una formalidad jurídica que falazmente atribuye autonomía a la esfera universitaria. Decía C. Schmitt que soberano es quien decide sobre el estado de excepción: la autonomía universitaria no existe ni siquiera de jure siendo la institución regida por un organismo como la Junta de Gobierno que maneja (management) los asuntos desde una racionalidad empresarial y privada. Solamente bastaría ver el informe del comité ejecutivo comisionado por Luis Fortuño en el 2011 (en donde incluso universidades privadas participaron – sin que les intimidara el conflicto de interés – de lleno en la elaboración de políticas administrativas y  fiscales que afectan a la UPR) y el último mapa de ruta encargado por la actual Junta de Gobierno a la AGB.[2] La Universidad, evidentemente, no es un archipiélago autónomo como pretende afirmar el profesor desde la óptica jurídica: la subsunción real – a lo K. Marx – de esta institución a la política del estado, de los partidos y a los mandatos normativos del mercado es absoluta. Por lo que en la condición actual solamente existe un adentro: el mercado (a.k.a. JCF, a.k.a. AGB, etc.) se ha revestido de soberano decidiendo de forma excepcional cada aspecto de la vida universitaria (y del Bios en general).

A la totalidad sistémica de la subsunción real se contrapone, a mi juicio, una exterioridad rupturista más plural, no jurídica, construida  a través  de la articulación de las demandas y de la discursividad emergente desde la actividad política de los movimientos. En este caso el argumento del profesor resulta decididamente impotente: la debilidad o precariedad de la universidad como sistema (como totalidad, como institución) se da a partir del actual consenso (hegemónico/biopolítico de la deuda) y no desde la actividad política (de ruptura/negación) del movimiento estudiantil. Cualquier curso de acción que el estudiantado decida seguir en la asamblea del martes 5 de abril, en definitiva no destruirá la Universidad. Lo que es presentado como novedad sui generis por el profesor realmente no lo es: es la condición dialéctica entre el régimen neoliberal y los movimientos sociales (y de revueltas) propias de la subsunción real y que se vienen desarrollando desde el 2009 (local e internacionalmente; como lo es actualmente la contra-conducta política de aquellos movimientos sociales y sujetos de la precariedad neoliberal que rechazan la Ley “El Khomri” en Francia).

Habría que señalar que la peripecia (ese cambio abrupto de situación) a la que hace referencia el profesor no se encuentra simplemente en el hecho de que el estudiantado haya enarbolado una serie de demandas cuyas concreciones o absorciones a nivel institucional se encuentran fuera del alcance del mundo-universitario. Sino en todo caso, en que tales demandas, en este momento histórico, apuntan a: (1) por un lado, a la identificación de un enemigo común en el abigarrado escenario de luchas políticas en Puerto Rico; (2) por otro lado, la posibilidad política para la construcción común de un “nosotros”; y (3) la puesta en escena de una performatividad política alternativa que se materializa en un modo de organización que va asumiendo el movimiento estudiantil (muy parecida a la de 2010) que supera los tradicionales modos organizativos de la forma-partido y la forma-sindicato.

Lo que se presenta como excedente (no dado, sino producido) es la posibilidad del antagonismo, es decir, de la política misma: la ruptura con el ancien régime es la única posibilidad de fundar una renovada secuencia histórica tanto para la Universidad como para el país.

[1] Visto en un texto de Yannis Stavrakakis, La sociedad de la deuda: Grecia y el futuro de la posdemocracia. Del libro: El síntoma griego: posdemocracia, guerra monetaria y resistencia social en la Grecia de hoy. España: Errata Naturae, 2013.

[2] Association of Governing Boards of Universities and Colleges.

*Doctor en sociología jurídica y maestro universitario en la Facultad de Ciencias Sociales de la UPRRP.

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One thought on “Peripecia del movimiento estudiantil (1): una respuesta al profesor Raúl Cotto Serrano

  1. Hola!

    Apreciando el análisis político que ha hecho ante la situación, creo que usted cae en una contextualizacion teórica explicativa sobre el fenómeno que estamos viviendo. Claramente este “nuevo” movimiento a traído a discusión los problemas del país y debe ser analizado y seguir observándose. Lo que el profesor Cotto Critica y en la misma línea sigo su argumento es en como operacionaliza ese movimiento sus reclamos ante un sistema jurídico. Que es donde nos encontramos ahora mismo los estudiantes y por lo que se rige la sociedad civil en la que vivimos. Sin embargo lo preocupante también de este “movimiento estudiantil” es que se reinventa con movimientos de base política en el contexto de partidos como el PPT y se adjudican portavoces de un conglomerado estudiantil que no necesariamente está organizado. Es la organización de este nuevo movimiento lo que está impulsando unos reclamos válidos en su contexto pero su mecanismo imposibilita y amenaza la apertura del centro docente público del país. Ante los desbordes de sus reclamos, su falta de definición ante este panorama nuevo que podría ser indefinido, más que fortalecer puede debilitar el potencial de la universidad como mediadora.

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