El circo de los maestros

Por César J. Pérez Lizasuain*

Insistimos, los intereses de nuestro Gobierno deben estar a favor de los puertorriqueños y puertorriqueñas y no de los designios de los representantes de las casas crediticias.
M.T. González

Soyez réalistes, demandez l’impossible
Slogan de Mayo del 68

Seamos realistas, hagamos lo imposible
Atribuido al Che

 

No solamente la rabia de los maestros se queda en la discusión sobre su retiro [ese derecho adquirido y trabajado no reconocido para los de abajo; en fin, no se trata tanto del retiro, sino más bien sobre el tiempo trabajado que ha sido expropiado y robado]. La rabia y el rechazo de los maestros a las medidas impulsadas desde las agencias acreditadoras y desde el gobierno de Puerto Rico ponen sobre el tapete una serie de elementos, funcionalidades y características sobre el estado de nuestro capitalismo criollo [esto es, el neoliberalismo], el sistema normativo que le acompaña [esto es, nuestro estado-de-derecho] y las posibilidades [pocas o muchas] de ir construyendo un sujeto de poder popular.

La economía como la totalidad

La incapacidad de pensar e imaginar futuros y resultados alternos fuera de las lógicas de sistemas, en este caso el económico, constituye la fuente última de legitimidad para ir diezmando los derechos sociales, culturales y políticos de las grandes mayorías. La economía se presenta como totalidad, como un mundo autónomo el cual es capaz de reproducir sus propias lógicas y valores que deberán regir sobre la vida real, empírica, de la gente común. Jurídicamente se ha impuesto un estado de excepción, esto es, la invalidación autoritaria de derechos ciudadanos, incluso los más atesorados dentro de la tradición liberal en la que se instaurara nuestra constitución, por parte de los poderes ejecutivo, legislativo, y por último, por parte del Tribunal Supremo. El estado de excepción es la primacía de la decisión autoritaria fundamentada no necesariamente en la ley, y sí legitimada por las pretensiones del sistema económico vigente. Salvar la “economía” se convierte en una tarea con rango de “seguridad nacional” por lo que cualquiera que trate de resistir las reformas conducentes a su presunta salvación [reformas proponentes de una tendente precariedad para la mayoría de la población – sean éstos trabajadores o no], deberán ser catalogados como enemigos y sujetos desechables, es decir, sujetos no dignos de portar dignidad.

El sistema normativo del neoliberalismo

En el estado de excepción el canon de legitimidad es aquel que legitima la decisión sobre la norma; por tanto la decisión es legitimada, a su vez, por la efectividad o por el hecho de fuerza que impone sin la participación de los sujetos afectados [sujetos de la precariedad en nuestro caso: maestros, estudiantes, trabajadores, desempleados, ancianos, pensionados, pequeños comerciantes, etc.]. ¿Qué se hace el estado-de-derecho ante el estado de excepción? El estado de excepción no es un estado de normatividad vacía, al contrario, es la transfiguración normativa, en esta fase avanzada del capitalismo, cuya nula efectividad [la del estado-de-derecho] da cuenta de que estamos saliendo de un sistema normativo para dar paso a uno nuevo. Sobre todo en la huelga de los estudiantes universitarios en la Universidad de Puerto Rico durante el año 2010 se pone de manifiesto un comportamiento normativo estatal importante en cuanto a las manifestaciones ciudadanas de rechazo al estado actual de las cosas; esto es, la imposición del estado de excepción, o bien la imposición de un hecho de fuerza autoritario, se convierten en el motor constituyente para las reformas jurídicas neoliberales [de aquí que incluso se esté evaluando aumentar la contribución sobre el IVU sin la intervención del proceso legislativo].

Primero el hecho de fuerza autoritario, luego la consiguiente adaptación de la norma jurídica que busca legitimar el estado de hecho. Similar tendencia se apostó con la huelga y la promulgación de reglamentaciones administrativas que buscaban mitigar la protesta estudiantil; al igual que la promulgación del nuevo código penal de 2012, posterior a la huelga universitaria, el cual incluye mayores restricciones y mecanismos represivos dirigidos a aminorar la protesta social [para ello véase los recién derogados artículos 200, 247 y 297].

El circo de los maestros, el sujeto de la rabia y el acto de lo imposible

La real violencia es aquella que intenta expropiar el tiempo trabajado del los maestros y maestras. La violencia

20131219-fmpr-hemiciclo-300x194real es ese proceso de la desposesión socio-económica que, sobre todo desde el final de la guerra fría, hemos estado expuestos. El circo de los maestros es el acto de rabia del sujeto de la precariedad y no-representado. El circo de las maestras y maestros es la forma que asume la rabia como acto de autodeterminación que intenta producir, a su vez, un hecho de fuerza de la dignidad. La ocupación del hemiciclo del Senado, por una marea amarilla, fue el mensaje contundente del sujeto no-representado: el político ha dejado de obedecer al demos y se empeña en mandar-mandando. De este modo, necesitamos muchos actos de circo, muchos más. Necesitamos del desorden ordenado del circo: desafíos a la gravedad, saltos, piruetas, acrobacias, actos que desafíen la imaginación y aceleren la creatividad que afirme la posibilidad de lo imposible.

La negatividad es la expresión de una ausencia, de algo que falta; en este caso lo es la protesta por el trabajo trabajado y expropiado al magisterio. Cierto es que esa negatividad que envuelve el rechazo de los maestros, o sea la rabia sin más, y su limitada durabilidad, no es suficiente para una transformación sistémica o estructural, pero da cuenta de la potencialidad de la revuelta como proceso de subjetivación en futuros actos si es que se llegaran a propagar [¿se producen condiciones de fuerza para su repetición o continuación?]. El circo es el espacio donde en el acto [el performance] se ensaya la realización de lo imposible. Ésta es la propuesta del circo: la afirmación de la exterioridad [respecto a la totalidad] más allá del rechazo inicial [más allá de la negatividad de la protesta]. Los momentos de digna rabia, como esa protagonizada por maestras y maestros, afirman una exterioridad, un exceso a la totalidad sistémica. Propone el prominente filósofo latinoamericano Enrique Dussel que afirmar “…la exterioridad es realizar lo imposible para el sistema […]; es realizar lo nuevo, lo imprevisible para la totalidad, lo que surge desde la libertad incondicionada, revolucionaria, innovadora”. En el momento del circo no hay utopías – como afirmaba Herbert Marcuse – sino una “negación histórico-social de lo existente” en la que se producen nuevas conciencias, un renovado sujeto por medio de la realización de lo imposible. Las revueltas, al igual que el circo, como lo fue el momento de digna rabia de los maestros al ocupar el hemiciclo del Senado, es el espacio-tiempo autónomo y auto-determinado que funge como laboratorio social para interrumpir [romper con] el estado de excepción impuesto y ensayar empíricamente el acto de lo imposible.

 * César J. Pérez Lizasuain ha sido profesor de Ciencias Políticas y Derecho en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Aguadilla, y en la Facultad de Derecho Eugenio María de Hostos respectivamente. Es además estudiante del Programa de Doctorado Renato Treves de Sociología Jurídica en la Universidad de Milán, Italia.

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