Ahora nos toca pensar

Por: César J. Pérez Lizasuain

“Nosotros creemos en la unidad desde la perspectiva de quien realmente decide la unidad es el pueblo, porque cuando el pueblo encuentra un sector político que está desarrollando una visión política correcta, que está en el marco de su propio pensamiento, se va uniendo en torno a ese proceso […] ¿Cómo la define? Porque es una organización que va desarrollando unas líneas políticas en las cuales el pueblo puede creer”.

Filiberto Ojeda Ríos

Autor: Enrique “Kike” Estrada, http://www.planetakike.com/

Acabamos de vivir en los pasados meses toda una campaña política y su culminación con el evento electoral el pasado 6 de noviembre. Incluso para aquellos quienes nos suscribimos a la refundación del país mediante una diversa confluencia de sujetos que funde, a su vez, una política nueva desde los de abajo, no podemos pasar por desapercibido el suceso electoral. Siguiendo el mismo interés, el de la construcción de una nueva política desde los de abajo, nos toca ahora identificar las grietas y posibles significados que dejan estas pasadas elecciones a la izquierda “amplia”.

Hubo cerca de un 23% de abstención electoral, lo que implica una tendencia ya marcada y establecida en los últimos comicios electorales. La abstención electoral fue de un 18% en el año 2000, 19% en 2004 y de 21% en el 2008. Aparte de los datos demográficos, sociológicos y demás propios de la ciencia política que pudieran intentar explicar el fenómeno e imponer sus particulares significados, habría que cuestionarse si esta tendencia indica, por un lado, la indiferencia de esta parte significativa de la población, tendencialmente en aumento, hacia el proceso electoral; y, por otro lado, el consiguiente desgaste de la forma-partido como esa manera predominante de llevar la política, sobre todo en nuestro siglo XX (1900-2000). Es decir, preguntarnos si solamente se trata de un desgaste de los partidos tradicionales, el bipartidismo compartido desde 1968, o un desgaste en general de la forma-partido como modo de organización política que teóricamente ha pretendido ser el portaestandarte de la voluntad general del pueblo. El concepto forma alude también a: 1) el papel protagónico, la forma de actuar y la proyección como mercancía de los partidos políticos bajo el capitalismo y mercado criollo y la relación de unos con el otro; 2) la autoproclamación de éstos en ser el representante legítimo de dos facciones, o mejor, de dos mercados, que pretenden ser homogenizados mediante sus narrativas; 3) como consecuencia, y parte del espectáculo propio de nuestros tiempos, la construcción subjetiva de una masa con la necesidad de consumir la mercancía que representa cada partido; y 4) el modo dialéctico y excluyente que asume esta forma de organización en su ejercicio de poder desde arriba.

No podemos pasar por alto los distintos eventos sociales de la última década y plantearnos los modos alternativos que ha ido adoptando la multitud puertorriqueña para organizarse en sus distintos reclamos socio-políticos. Vieques (1999-2000) representa un quiebre en los modos de expresión y organización política en nuestro país. Un quiebre inexorable con el pretendido poder pastoral del partido y la búsqueda, a través de la forma-multitud y de distintas organizaciones de la sociedad civil, de modos más autónomos y auto-determinados de expresión y la canalización de la protesta mediante la desobediencia civil. De igual manera se plantean, durante toda la década pasada, una serie de luchas sociales, menos mediatizadas, en donde distintos agentes sociales y comunitarios se han organizado para resistir el embate de las crecientes políticas neoliberales: expropiaciones, gentrificación o desplazamiento de comunidades pobres enteras, destrucción de los recursos naturales, la persecución política (sobre todo la dada a partir del asesinato de Filiberto Ojeda Ríos), el desempleo, el empleo precario y empobrecimiento de la clase media, etc. Finalmente la huelga de la UPR (2010) y la lucha contra el gasoducto, liderada por estudiantes universitarios y la organización comunitaria Casa Pueblo respectivamente, apuntan a esas transformaciones en el modo de organización política en el país y, a su vez, señalan un camino amplio y diverso para una participación directa, creativa, asamblearia y sin intermediarios que supera la política de representación, artificialmente construida ante los eventos electorales. Tomemos por ejemplo la inútil campaña Vota o quédate callao’, que pretende ubicar la forma-partido y el evento electoral como las exclusivas, hegemónicas y legítimas maneras de organizar la voluntad general.

Lección abertzale para la izquierda “amplia” puertorriqueña

Dentro de este contexto, ¿qué análisis le toca a la izquierda asumir? Pienso que precisamente nos toca asumir un análisis sosegado, amplio y participativo, un momento de reflexión, ante el fracaso de los tres partidos inscritos que intentan representar, si no la totalidad de la izquierda como movimiento, al menos unas reivindicaciones progresistas en sus respectivas propuestas electorales. Tanto el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), que por tercera elección consecutiva no pudo quedar inscrito al no obtener suficientes votos, y el nuevo Partido del Pueblo Trabajador (PPT) que ni siquiera pudo superar al PIP a pesar de una intensa campaña publicitaria, han anunciado que su prioridad inmediata es la de “tirarse a la calle” a la búsqueda de endosos para quedar inscritos nuevamente. Esta ha sido la intuición del PIP en las post-elecciones de 2004 y 2008 y los malos resultados de la práctica no han variado. A eso sumemos los muy pobres resultados del nuevo Movimiento Unión Soberanista (MUS) que tampoco ha quedado inscrito.

Hace unas semanas la nueva agrupación de izquierda vasca, EH Bildu, un partido compuesto por distintos grupos de la izquierda en el País Vasco, obtuvo unos saldos muy positivos en las elecciones celebradas en ese país. Pudieron conquistar 21 escaños en el parlamento vasco y posicionarse como la segunda fuerza política en el país solamente detrás del histórico Partido Nacionalista Vasco (PNV) quien se hiciera de la mayoría parlamentaria con 27 escaños. Ello representa una histórica mayoría soberanista en el País Vasco, sobre todo en momentos en donde España enfrenta una profunda crisis económica y el considerable apoyo a los reclamos de soberanía e independencia desde Catalunya. Ello sumado a unos positivos resultados de EH Bildu en las elecciones municipales de 2011. Previo a este desempeño de EH Bildu, desde el 2009 la llamada izquierda abertzale entró en un proceso de reflexión y autocrítica que incluyó la consulta a bases de apoyo, liderato, movimientos sociales, partidos, sindicatos y a los presos políticos vascos que desembocó, a su vez, en una serie de declaraciones y acuerdos: Altsasu (2009), la de Guernika (2010), los presos políticos (2012) y otros acuerdos entre diversas entidades políticas. Tales declaraciones y acuerdos señalan las autocríticas y objetivos por los cuales se guiará la izquierda abertzale: 1) el evidente daño que ha sufrido la sociedad vasca ante la guerra a la que ha sido sometida bajo el estado español y el reclamo de cese al fuego y desmantelamiento de la ETA; 2) la adopción de la izquierda abertzale de la vía legal y política para llevar sus reclamos; 3) la apuesta por la acumulación de las diversas fuerzas de izquierdas vascas; y 3) la unión de las distintas fuerzas independentistas y soberanistas con un reclamo no solo de independencia, sino, a su vez, de justicia social y la profunda transformación de la sociedad vasca ante la crisis neoliberal que enfrenta el país.

Aún ante los resultados positivos obtenidos en los comicios de 2012, EH Bildu a través de su candidata a Lehendakari Laura Mintegi, han anunciado una nueva ronda de reflexión, autocrítica y consulta a los diversos agentes sociales, movimientos, partidos y sindicatos con el propósito de evaluar su actuación en la pasada elección, pensar y reflexionar el rumbo a llevar en la próxima legislatura.

En Puerto Rico nos corresponde abrir ese proceso de reflexión, autocrítica y la apuesta democrática e inclusiva, más allá de las elecciones, a la acumulación de las diversas fuerzas de izquierda ante la situación actual del país. Ese fue el llamado de Filiberto Ojeda Ríos, justo antes de su muerte, quien pudo reconocer la necesidad en la izquierda de fomentar momentos de reflexión, autocrítica y la consulta deliberativa a las bases de apoyo, tanto anterior como posterior a los eventos político-sociales de trascendencia. Según él, era la única manera en que nuestra izquierda “amplia” podía unirse estratégicamente y ubicarse, no como vanguardia, sino, como la retaguardia del pueblo.

El eje metropolitano y las grietas

Por el mismo tramo, a nuestra izquierda “amplia” nos toca asumir, con una buena dosis de humildad, el eje metropolitano que se conformara con la derrota del alcalde de la ciudad capital de San Juan, Jorge Santini, un conservador y uno de los símbolos más emblemáticos de la extrema derecha puertorriqueña y quien estuvo 12 años en la alcaldía. Su oponente, Carmen Yulín Cruz, una miembro del Partido Popular Democrático (PPD), un partido de centro en cuyo abanico conglomera a un grupo de soberanistas, se ha destacado por ser una de las voces soberanistas dentro de su agrupación. Ha ganado la elección mediante alianzas con otros partidos, actores sociales, sindicatos y distintas comunidades asumiendo como punta de lanza en su plataforma la propuesta para una gobernanza alternativa que promueva la participación democrática directa y el establecimiento de los llamados presupuestos participativos que fomenten la inclusión de los sectores marginados en la capital. Al eje metropolitano se suman los ya alcaldes de las ciudades de Carolina y Caguas que han intentado poner en marcha algunas experiencias en sus municipios de autogestión y participación ciudadana.

Desde meses antes a la noche electoral, se perfilaba que la elección más importante del evento era la de la alcaldía de San Juan; sobre todo por la resonancia nacional que despliega la ciudad capital y su controversial alcalde saliente. La elección de Carmen Yulín Cruz, a quien podríamos considerar una política de centro-izquierda, se presenta de momento como posible eje para una futura transformación de la política-electoral en el país. Sin embargo, el entusiasmo trasciende la figura de la candidata electa. No se trata solamente de la lectura rápida y superficial de construir políticas de “alianzas” para ganar elecciones, como si fuera lo naturalmente aceptable. Lo político no acepta naturalezas ni imperativos categóricos a priori, su campo se desenvuelve en un vivo y dinámico entramado de relaciones de saber-poder (entre luchas y resistencias) que van construyendo una serie de verdades, que a su vez producen a un determinado sujeto, que inclinan la balanza de un lado o de otro. Y me parece que esa es la grieta que potencialmente ofrece el eje metropolitano liderado por San Juan para adelantar algunas luchas reivindicativas de nuestra izquierda y de los de abajo. Sin embargo, debemos pensarla como lo que es, una grieta y no el movimiento o la lucha en sí misma. La grieta por donde se podría continuar, sin obviar las experiencias sociales pasadas y de las luchas históricas de nuestra izquierda, el proceso para producir una nueva y alterna subjetividad política; es decir, una nueva verdad-política en el país.

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