Vivir no solamente supone resistir, sino construir

Reflexión sin publicar hasta el momento de mi visita a Madrid durante las jornadas de protestas en España durante los días 12-15 de mayo de 2012. A pesar del transcurso de los meses me sigue pareciendo muy actual y necesario el detenernos a pensar el evento, sobre todo a raíz del debate generado por el 25-S.

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Por: César J. Pérez Lizasuain*

En una reciente visita a España tuve el privilegio de poder participar y observar las históricas jornadas del primer aniversario del 15M en la ciudad de Madrid. Allí pude comprobar la efervescencia del movimiento, la electricidad y la actualidad de sus diversas actividades y asambleas. Para los que desde alguna manera pensamos e intentamos crear ideas desde la academia nos corresponde describir, entender e interpretar críticamente este tipo de expresiones sociales que de por sí nos vayan señalando alternas líneas epistemológicas.

En ese sentido, coincido con B. Santos en que, en los particulares casos de los movimientos sociales, debemos cuidarnos de pretender ser la vanguardia intelectual y más bien ubicarnos como la retaguardia del movimiento; el cual se desarrolla en contextos sociales, políticos e históricos específicos y diversos. Así, la narración que se construye va íntimamente ligado a su contexto y es difícil juzgar a partir del “deber ser” externo y ajeno al movimiento real. Sin embargo, sí me parece fundamental darnos a la tarea de identificar las narrativas que se van desarrollando desde el movimiento. Además del encuentro biopolítico, del encuentro entre singularidades, más allá del evento, la construcción y consecuente ejercicio de poder, la efectiva presencia del movimiento radica en las narraciones, las “verdades” producidas y los efectos o consecuencias que puedan ir articulando o ensayando. En este sentido, es necesaria la reflexión, el debate y la interpretación crítica que vayan ubicando las experiencias de las comunas de Madrid, la plazaTahrir, Islandia, al igual que los Ocupas de Wall Street, el movimiento Yo Soy #132, los estudiantes huelguistas tanto en Chile, Puerto Rico y otras partes del mundo.

Ante ello surgen varias interrogantes, observaciones y preocupaciones que intentaremos desarrollar, en líneas muy generales, a continuación.

El evento, el encuentro y la Multitud

Si existía alguna duda ante el poder de convocatoria que pudiera tener el movimiento este año quedó claramente contestado el 12 de mayo cuando miles marcharon desde distintos puntos de la ciudad de Madrid hasta concentrarse en la plaza de Puerta del Sol. Tanto las calleas y plazas aledañas, como la Plaza del Ángel y Plaza Tirso de Molina, así como las calles perpendiculares a la Gran Vía, se encontraban alegremente atestadas por la Multitud. Sin embargo, las jornadas siguientes en donde se entablaron asambleas temáticas esparcidas por algunas zonas de la ciudad han distado de la multitudinaria efervescencia que electrificó a la Puerta del Sol el pasado 12 de mayo. Ello sugiere, al menos en términos cuantitativos, un mantenimiento de las fuerzas convocadas el año pasado, mas no un crecimiento evidente. Es por ello, que debemos insistir entre la diferencia del encuentro, el evento y la Multitud vis-a-vis la forma-multitud que identificara la pasada edición al 15M pues propone una valorización del evento distinta. La Multitud, tomándolo de la versión ofrecida por A. García Linera, evoca al encuentro y agregación de un conjunto de singularidades que ocupan e interrumpen temporalmente la normalidad hegemónica en determinados espacios convocados por las injusticias que les agobia y la voluntad de que ello cambie. La forma-multitud, sin embargo, alude a los comportamientos y relacionamientos específicos en el seno de los movimientos. Específicamente alude, tal y como ocurriera el pasado año, a la participación directa de las singularidades en asambleas y toma de decisiones colectivas y deliberativas. Esa forma apuntaba claramente en los pasados días a una horizontalidad participativa y a la ausencia de centros de poder dentro del movimiento. Tal forma constituye un debate real en el movimiento en la medida en que se discute la necesaria o no necesaria institucionalización del mismo. De igual manera, se discuten y se piensan, por un lado, las formas en que se deben tomar decisiones en las asambleas que no flagelen, a su vez, el carácter participativo, horizontal, inclusivo y democrático de éstas. Y, por otro lado, se debate sobre el cómo ejecutar y llevar a la practica tales decisiones.

Sin embargo, hacemos hincapié en que una nueva etapa de la lucha tanto del 15M como de los demás movimientos anti-sistémicos a nivel glocal se anclan en gran medida en su capacidad creativa de adoptar una forma-multitud que rebase incluso la noción de la Multitud como el encuentro corporal y la ocupación de determinados espacios, por unas formas específicas de relacionarse. O más bien, como hubiese apuntado I. Illich, a formas alternas, solidarias y comunes de una nueva convivencialidad. Ya han señalado M. Hardt y T. Negri que en gran medida la potencialidad emancipadora del 15M, y movimientos afines alrededor del Globo, depende de la constitución, la composición y el ethos interno de tales movimientos y la superación de las formas hegemónicas de convivencia. Ello supone una superación de la posible mistificación del evento en sí. Supone el evaluar las consecuencias del evento, un poco siguiendo a A. Badiou, no en mistificar su ocurrencia.

La criminalización de las casetas, los medios de comunicación y la sociología

La convivencialidad producida el año pasado fue de algún modo anulada por el estado de excepción, mediante el toque de queda, impuesto por las autoridades madrileñas. Todos los días se sitiaba la plaza y se realizaban intervenciones, arrestos y el ejercicio represivo por parte de la policía en horas de la madrugada cuando ya quedaban en Puerta del Sol unos cientos de manifestantes. Cabe preguntarse ¿cuál, si alguno, ha sido el efecto del no levantar y establecer los campamentos que surgieron en el año 2011? ¿Cuál es el efecto de esta interrupción al encuentro biopolítico permanente entre las singularidades?

Por otro lado, la respuesta del biopoder estatal y mediático a estas jornadas de resistencia y de rechazo al poder constituido en España no debe pasar por desapercibida. Por un lado, el estado se enfrenta a un movimiento no tradicional, cuyo eje y centro de poder se encuentran esparcidos entre plazas, multitudes, asambleas simultáneas, toma de decisiones y entre la misma subjetividad de horizontalidad que ha desarrollado el movimiento. La represión estatal opera bajo la racionalidad policiaca que intenta coincidir con la exactitud matemática, como nos la recuerda E. Allan Poe en su cuento La carta robada. De ahí la necesidad policiaca del método matemático, es decir exacto, de encontrar ese centro de poder perfectamente definido que al ser intervenido pueda y deba paralizar al movimiento. Los elementos anárquicos, y poéticos (¿por qué no?), que componen en parte al movimiento y su no absoluta estructuración, lo convierten en un no-blanco poco propicio a la estrategia policial. De esta forma, nos convertimos todos en potenciales enemigos públicos. Ello explica las cobardes intervenciones en la madrugada y los arrestos incluso de personas que no participaban de los actos de resistencia.

Los medios de comunicación hegemónicos intentan neutralizar a toda costa el movimiento pintándolo de no-movimiento, siendo éste abstracto a la sensibilidad de la sociología tradicional. En fin, los medios intentan infundir un aura mística, sentimental y fantasmagórica del movimiento real del 15M pretendiendo venderlo y compararlo con cierto aire sesentayochista1 para neutralizarlo. Al medio comunicativo hegemónico también, quizás no tan inocentemente, se le escapa la medida del movimiento debido su naturaleza. Por otro lado, la sociología tradicional-hegemónica también sufre un poco de lo mismo que sufría el Prefecto en la Carta Robada de Allan Poe, expresado en su empeño por colonizar el conocimiento y la subordinación a la metodología de las ciencias exactas. Por eso, como señalaba, el 15M también ofrece propuestas epistemológicas a ser consideradas y pensadas críticamente. ¿Cómo medir lo que no tiene forma? Por eso la necesaria reflexión, aún por pensarse y construirse, debe partir de acuerdo a las narraciones, los efectos del movimiento y los despliegues de subjetividad que éste pueda generar.

¿Contra la democracia o contra la subsunción real?

Lo llaman democracia y no lo es…”

Consigna del 15M

El 15M obliga a pensar la política y lo político. La política como aquella norma trascendente que une y mantiene la relación entre estado y ciudadano. Así, podríamos considerar la democracia como “consenso normativo centrado en el estado” sugiere A. Badiou. Lo político, por otro lado, “se presenta como práctica colectiva singular a distancia del Estado. O aún, que no es portadora, en su esencia, de un programa de Estado o de una norma estatal, sino que más exactamente es el desarrollo de lo que resulta posible afirmar como dimensión de libertad colectiva, precisamente sustraída al consenso normativo centrado en el Estado, y aun cuando, por supuesto, esta libertad organizada se pronuncie acerca de él”.2

Así las cosas, quizás podríamos distinguir la democracia como forma de estado y la democracia propia de la forma-multitud considerado desde una formulación alternativa desde lo político. Re-potenciar el sentido democrático, como los y las insurgentes chiapanecas y chiapanecos de 1994. No solamente contra la democracia, sino también contra la subjetividad del Socialismo como veremos más adelante. Esta ola de manifestaciones, que se vienen asomando desde el año pasado, contienen elementos claros de las protestas globales de finales de la década de los 90’s, del Zapatismo de 1994 y de la Argentina del 2001. Sin embargo, aquellas las conocemos como las primeras líneas de resistencia al incipiente ataque neoliberal a escala global, que se iniciara con el Consenso de Washington, y que se concentraran en la privatización de lo público, el desmantelamiento del estado de bienestar, los tratados de libre comercio y el asalto antidemocrático de instituciones supranacionales, como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, a la soberanía estatal. Las actuales expresiones, como la del 15M, además de continuar y reflejar esas primeras gestas en contra del neoliberalismo, son esencialmente los gritos locales y globales en contra de la subsunción real de la vida entera ante los dictados del capital. Ello da cuenta el 15M y sus diversas manifestaciones, asambleas temáticas y su extraordinaria heterogénea composición. Las diversas asambleas temáticas que fueron desde lo político, la democracia, la educación, la economía, el ecologismo, la sexualidad, sobre el trabajo y desempleo, sobre los medios sociales de comunicación, entre otras, dan cuenta que la precarización que promueve el capitalismo no solamente es económica, en su sentido estricto, sino también va dirigido a todos los aspectos de la vida ante la invasión e imbricación del capital en ella. El grito contra la subsunción real es necesariamente el grito contra la democracia, como la conocemos hoy, sumergida y sometida ya no a la voluntad general del pueblo, sino a la voluntad privada de los agentes financieros.

Ante ello, una pregunta queda abierta, ¿constituye este grito antidemocrático invertido una superación de la forma democrática propia al liberalismo que nos dispare a un horizonte post-liberal y post-capitalista? ¿O mas bien un deseo del cumplimiento de la expectativa liberal de la “adecuada” representación política?

Vivir no solamente supone resistir, sino construir

Siendo en esencia una resistencia en contra de la subsunción real, la vida pasa al centro de la ecuación política con el 15M. Ante todo, tal como aseguran M. Hardt y T. Negri en su última publicación, Declaration, debemos, más allá de lo a primera instancia visible, es decir, la lucha ante la precariedad de la vida entera y los reclamos por empleo y seguridad pública, siempre latente ha estado, y está aún en la Puerta del Sol, un grito de rechazo (o el emblemático grito mudo de las 0:00 horas el 13 de mayo) contra la representación liberal, el ataque al neoliberalismo o a la subsunción real, al capitalismo y a la tiranía de la subjetividad propia de la república de la propiedad privada. Ante ello, se pone en escena una lucha abierta de innovación, de creatividad y rebelión colectiva que va colocando a lo común como ese paradigma empírico, impregnado de movimiento real, que intenta demarcar y superar las formas propias del liberalismo burgués que privilegian a lo privado y lo público. De aquí, lo que algunos intelectuales como John Holloway y Sergio Tischler han llamado la crisis del canon leninista en donde las luchas no necesariamente tienen como objetivos la toma del poder estatal sino la renovación permanente de nuestras prácticas y vínculos sociales en función de la construcción de un poder planteado no como dominación, sino como poder-hacer. Es la crisis de la idea del socialismo que mientras la lucha tendencialmente se centra en lo común contradice esencialmente, no solamente la dictadura de la propiedad privada, sino también al control estatal del bien público como acertadamente nos advierten M. Hardt y T. Negri.

La entrada a una nueva etapa de los indignados del 15M aún no queda clara mientras la línea entre el grito de rechazo y el movimiento como potentia de un poder constituyente no se articule con mayor precisión. Por el momento, quizás podamos identificar esa nueva etapa del 15M precisamente como este impasse entre el rechazo al estado actual de las cosas y el establecimiento de un proceso constituyente, es decir, en la exploración de las posibilidades de su poder-hacer. Tal asunto es de por sí una lucha paralela tan importante y tan difícil como el de resistir los embates e intentos de expropiación y precarización por parte del poder constituido, del poder-sobre la Multitud. Sin embargo, como nos recuerda E. Dussel con la rebelión Zapatista, los indígenas no pedían una mera inclusión en la carta constitucional del estado Mexicano, es decir, el hacerse-parte del régimen, sino que más allá buscaba transformar su espíritu. De manera que, nos recuerda el mismo Zapatismo, que de lo que se trata en esencia es más bien de transformar, más allá de una mera inclusión al derecho constitucional; de afianzar un proceso vivo, un permanente estado de creatividad, apartada de la Identidad fetiche propia del poder constituido y del derecho burgués. Esto se encuentra como tarea inconclusa y como reto del movimiento y del resto de la sociedad civil española.

En fin, ¿cuál es esa posible narración, verdad e idea en proceso, que podamos comenzar a pensar desde el 15M en su primer aniversario? Quizá podamos identificar en sus consignas y asambleas una versión bidimensional. A saber, el rechazo a la democracia como forma de estado, lo que presupone pues una idea alterna de lo democrático en tanto se manifiesta como forma-multitud. Y la convivencia antagónica de unos reclamos que no ven posible convalidar a un capitalismo de rostro humano pero sí un estado con rostro humano que retome y convalide la lógica de lo público propio del estado de bienestar. El entramado entre lo privado, lo público y lo común entra en escena de manera contundente. Una preocupación real, que compartimos algunos observadores del proceso 12-15M, es el posible elemento acrítico sobre el bien público durante las jornadas. Es decir, la ausencia del planteamiento y necesario cuestionamiento sobre la naturaleza de lo público como una expresión del biopoder moderno. Con ello se quiere decir que lo público, tal como lo hemos conocido, lo constituye un entramado complejo de disciplinas, particulares subjetividades ciudadanas y controles sociales que son necesarios poner en controversia si es que se quiere pensar nuevamente en lo público desde un nuevo paradigma de lo común.

Lo público respondió en gran medida al ejercicio disciplinario que imponía las necesidades de la sociedad-fábrica y del Estado-industrial. Más aún, pensar lo público críticamente como lo que es actualmente bajo el neoliberalismo: como apropiación y administración del bien común y como expresión de las lógicas de la propiedad privada; la transformación de lo público al servicio del Estado-financiero. La generación de ingresos económicos desde la educación superior pública, se presta como ejemplo a lo planteado hasta aquí. Tal como sugiere el intelectual catalán, F. Fernández Buey haciendo una lectura crítica del Acuerdo de Bolonia, existe una “privatización indirecta de la universidad pública, lo que en la práctica quiere decir colonización más o menos directa de tales o cuales departamentos universitarios, convenientemente seleccionados, que puedan producir beneficios en un plazo tan rápido o parecido a los que se producen en operaciones financieras más o menos especulativas”.3 En la subsunción real lo público, aún teniendo el elemento estatista a su favor, va tendencialmente convirtiéndose en una expresión de las lógicas propias de la propiedad privada con el propósito de generar ganancias al sector privado.

La puesta en escena de la trilogía antagónica entre lo público, lo privado y lo común es esencial para la construcción de una narrativa o una idea emancipadora. Ello puede solamente ser resuelto mediante el efectivo ejercicio de un proceso constituyente. Las asambleas constantes, la movilización permanente de los barrios durante el año pasado apuntan a esa dirección. A pesar del impasse, el 15M ha logrado su permanencia no solamente en el espacio público español, siendo éste pensado y debatido en todo el país, pero también su presencia asamblearia, resistente y constituyente desde los barrios como lo han demostrado las comunidades organizadas en contra de los recortes a la educación pública promovidos desde la presidencia de la Comunidad de Madrid. Ante todo, y como mayor logro de estas recientes jornadas de aniversario, el 15M de por sí ya se plantea como un inmenso éxodo y dispositivo de subjetividad que va imprimiendo los discursos, acciones y propuestas no solamente de la sociedad civil española, sino también de la comunidad globalizada. Sin embargo, vivir en la subsunción real no solamente supone resistir, sino construir. Y el construir, como bien diría el pensador Amador Fernández Savater, es crear y vivir una nueva realidad.

*El autor ha sido profesor de la Facultad de Derecho Eugenio María de Hostos en Mayagüez, Puerto Rico; y de Ciencias Políticas en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Aguadilla. Es egresado del Instituto Internacional de Sociología Jurídica en el País Vasco; y actualmente es estudiante en el Programa de Doctorado en Sociología Jurídica Renato Treves adscrito a la Universidad de Milán, Italia.

1 Quico Alsedo, Periódico El Mundo, 17 de mayo de 2012, http://www.elmundo.es /elmundo/2012/05/16/madrid/1337193856.html

2Badiou, A. (1999), Dos Ensayos de Metapolítica, Revista Acontecimiento No. 17, Argentina.

3Fernández Buey, F. (2010) La Universidad y sus funciones. La Universidad Ante su crisis, Universitat Pompeu Fabra, Barcelona,http://www.upf.edu/materials/polietica/_img/uni1.pdf

 

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